El Pato Donald en Países Bajos
Updated: Sep 1
Al escribir este post, me doy cuenta de que no solo los neerlandeses están encantados con el Pato Donald; al parecer, “Donald Duck” está muy presente en el norte de Europa. Además, su última aventura tuvo lugar el año pasado, durante la celebración de los 750 años de la ciudad de Ámsterdam: una edición especial en la que Donald, acompañado de toda su familia, visitó algunos de los lugares más emblemáticos de la capital neerlandesa.
Donald Duck, un ícono cultural neerlandés
Los cómics tienen una presencia muy fuerte en los Países Bajos. Entre los que más he visto están Suske en Wiske (originalmente de Bélgica) y el adorado Donald Duck. En librerías, estaciones de tren o incluso al visitar la casa de alguien, es bastante común encontrarse con una revista de Donald Duck; de hecho, no es raro encontrar varias.
Lo que más me llama la atención es que no parece ser una publicación dirigida exclusivamente a los niños. Los adultos también la disfrutan y, por lo que he podido observar, muchos siguen encontrándola entretenida a pesar del paso del tiempo. Donald Duck también ha tenido aventuras ambientadas en distintas ciudades de los Países Bajos. Incluso el político Mark Rutte apareció en uno de los cómics y, según contó en su momento, estaba encantado con su participación. La posibilidad de suscribirse para recibir ediciones semanales existe desde los años 50.
Algunos comentarios en foros señalan que, en determinado momento, Donald Duck llegó a ser uno de los cómics favoritos entre estudiantes universitarios y también uno de los más leídos en los Países Bajos. Pero entonces surge la pregunta: ¿por qué gusta tanto el Pato Donald?
Un pato muy humano
Mi impresión es que parte de su encanto está precisamente en su personalidad. En algunos de los comentarios que encontré, se menciona que Donald parece más humano que Mickey Mouse o Goofy. Tiene mal genio, se equivoca, falla muchas veces y, a su manera, cuida de sus sobrinos. No siempre expresa sus emociones de la forma que esperaríamos de un personaje infantil y, precisamente por eso, puede resultar más real y cercano.
Como alguien que llegó a los Países Bajos de adulta, me llama la atención ver a Donald Duck tan integrado en la vida cotidiana. Quizás su éxito esté precisamente en eso: Donald no es perfecto. Se enoja, se equivoca, fracasa y vuelve a intentarlo. Tal vez esa imperfección sea lo que lo hace tan cercano.
Y quizá ahí esté una parte de la respuesta a por qué, después de tantas décadas, este pato sigue formando parte de la cultura neerlandesa.




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